Wikipedia la define como “un acontecimiento futuro en el que se predice que el progreso tecnológico y el cambio social se acelerarán debido al desarrollo de inteligencia sobrehumana, cambiando nuestro entorno de manera tal, que cualquier ser humano anterior a la singularidad sería incapaz de comprender o predecir”.

Los partidarios de esta filosofía argumentan que los avances en los campos de inteligencia artificial, nanotecnología, robótica, neurología, computación cognoscitiva y genética posibilitarán en un futuro cercano un desarrollo exponencial del ser humano hasta convertirlo en un superhombre (en eso coinciden con el transhumanismo) que podría incluso llegar a ser inmortal. Esto último de la inmortalidad podría sonar a broma pero lo afirman científicos tan prestigiosos como Stephen Hawking o Marvin Minsk.

Raymond Kurzweil, ha sugerido patrones exponenciales de progreso tecnológico y ha comenzado a desarrollar proyectos para educar a especialistas que pudieran entender y facilitar el avance tecnológico y ayudar a enfrentar los grandes desafíos que dicha transición supondrá para la humanidad.

Incluso se ha creado una universidad en California (Singularity University) cuya misión es “educar, inspirar y dar empowerment a los líderes para aplicar tecnologías exponenciales que solucionen los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad actualmente”

En los ochenta, mientras yo veia Falcon Crest, un matemático y escritor de ciencia ficción de nombre Vernor Vinge, comienza a desarrollar la idea de que el ser humano crearía inteligencias superiores a las humanas.

En los 90 Vinge lanza un artículo en Internet que plantea la aparición futura de una inteligencia súper humana que acabará con la era de los hombres. Las vías para ellos serían:

1. Desarrollo de ordenadores súper inteligentes que superen nuestra capacidad intelectual.
2. Surgimiento de grandes redes computacionales que funcionen como redes neuronales de un gran cerebro rector supra inteligente.
3. Interacción tan estrecha entre seres humanos y ordenadores de modo que los primeros podrían llegar a tener capacidades computacionales elevadas, por encima de las humanas.
4. Manipulación genética tan avanzada que se podría hacer seres humanos con capacidades cualitativamente superiores.

Las teorías futuristas como la singularidad tecnológica son defendidas por muchos partidarios, pero también tienen sus detractores. Muchos científicos, como Roger Penrose, consideran que ninguna máquina o inteligencia artificial que se cree podrá jamás superar el intelecto humano.

Kurzweil, actualmente es director de ingeniería en Google, prevé que en el 2045 la inteligencia artificial consiga una potencia de cálculo 1.000 millones de veces superior a la humana. Podremos también subir toda la información de nuestro cerebro a la nube y añade: “Nuestros recuerdos, nuestras habilidades y nuestros conocimientos estarán almacenados en la nube a salvo de cualquier enfermedad o cualquier accidente.”

¿Tendremos un chip implantado en nuestro cerebro?

Kurzweill nos explica que no será necesario. Habrá transmisores minúsculos del tamaño de nuestros leucocitos que podremos introducir sin cirugía en nuestro cerebro. De esta forma, el objetivo que deberíamos plantearnos no es crear cerebros que se asemejen al ser humano sino encontrar la forma de extender nuestra inteligencia. Ése ha sido siempre el objetivo del ser humano y ya ha empezado a ocurrir. Apenas recordamos los números, ni las direcciones de correo electrónico de nuestros amigos. Están todas en nuestros teléfonos personales. Nuestras escuelas responden a un modelo obsoleto porque ponen el énfasis en la memorización de unos datos que están al alcance en nuestro bolsillo. A nuestros hijos habría que enseñarles cómo resolver problemas que aún no se han resuelto y cómo acceder a la nueva información. Lo mejor sería ayudar a cualquier alumno a llevar a cabo un proyecto por el que sienta una pasión especial. Sólo así aprenderán cosas importantes. Aún necesitamos maestros, pero deben ser sobre todo guías y mentores capaces de estimular a sus alumnos.

He leído que Kurzweill lo único que quiere es vivir hasta el 2045, ya que para entonces se habrá desarrollado toda la tecnología necesaria. Es por eso que sigue una dieta estricta y toma 150 suplementos nutricionales todos los días para “reprogramar” la bioquímica de su organismo. Hoy, Kurzweil tiene muy buena salud. En 2045, tendría 97 años. En otras palabras, no es imposible.

¿150 suplementos nutricionales? Que poco eficiente… Farmacéuticos, podríamos evolucionar estos suplementos ¡hasta la súper pastilla!

Sofía Azcona

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