Se ha dicho, con acierto, que las nuevas tecnologías nos permiten:

• monitorizar todo lo que hacemos en nuestra vida pública y privada,
• acumular masivamente toda la información,
• sistematizar los datos, tratarlos, y relacionar unos con otros.

Big data, entendido como acumulación masiva de datos, ofrece grandes ventajas para la investigación, la innovación y la gestión, pero como otras muchas cosas, tiene su cara y su cruz.

En efecto, hay aspectos que generan justificada preocupación, tales como el uso indebido de informaciones, el riesgo de mala calidad de los datos, la lesión del derecho a la intimidad, la propiedad intelectual, la falta de seguridad o la deficiente anonimización.

En todo caso, el fenómeno big data está en plena expansión y se proyecta sobre los más diversos ámbitos. Entre ellos destaca el sanitario.

El uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación en los sistemas sanitarios, permite reunir a diario millones de datos asistenciales, que, tras su posterior tratamiento, pueden ser de extraordinaria utilidad para la investigación de patologías, para valorar los efectos de los medicamentos, para mejorar la organización de los recursos humanos y técnicos, o para analizar quejas y reclamaciones de los pacientes.

El fenómeno big data, por tanto, puede contribuir a mejorar el funcionamiento de los sistemas sanitarios y brindar a los profesionales importantes oportunidades y ventajas para el desarrollo de su actividad.

Sin embargo, tales oportunidades y posibilidades vienen condicionadas, a día de hoy, por la ausencia de una Estrategia General de E-salud, que oriente y de sentido a la utilización de las TIC.

A ello hay que añadir otros problemas pendientes de solución:

• Problemas de interconexión e interoperabilidad.
• Problemas de calidad y de heterogeneidad de los datos y de las fuentes de información.
• Problemas de estandarización y de terminología.
• Problemas en materia de privacidad y de confidencialidad.
• Problemas de falta de garantía en la anonimización de los datos.

Es cierto que pese a que se están produciendo avances en lo relativo a la e-salud, no es menos cierto que faltan más de 24 millones de historias clínicas por digitalizar; que un 23% de las recetas no son electrónicas, y que los datos correspondientes a 9 millones de pacientes atendidos en el sector privado de la sanidad no están integrados.

Pero big data, más pronto que tarde, será un referente obligado a la hora de promover políticas para la gestión moderna de nuestra sanidad. Hará falta, eso sí, promover mayor consenso social e institucional, mayor cultura colaborativa y un marco regulatorio que dé certidumbre y seguridad jurídica.

e-xperto-julio-sanchez-abogado

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